Monday, 16 December 2013

España y las lenguas

Teresa Barro

La postura de España frente a las lenguas, las propias y las extranjeras, suele ser contradictoria e incoherente. Surge de una ideología político-religiosa que aunó la lengua al dominio imperial y a la imposición de una religión (¨hablar cristiano¨) y es también resultado de la mala formación intelectual de siglos.

La creencia de que ¨todos debiéramos hablar lo mismo¨ es profunda y llevó a que se quisiera imponer el castellano en toda la península ibérica y a que se aspirase en el fondo a que todo el mundo lo hablase y no hubiese que aprender ningún otro idioma. Pero también llevó a creer que hay que tener el idioma más fuerte del mundo en cada momento, por lo que se copió todo del francés cuando se creía que era el idioma del presente y del futuro y ahora se quiere copiar todo del inglés y se descuida y maltrata el español.

Puede verse lo mala que es la enseñanza intelectual en España en cómo se enseñan y no se aprenden los idiomas. Todo el mundo está desesperado por saber inglés, ese idioma que ¨ahora hace falta para todo¨, pero no se aprende a ningún nivel, ni primario ni secundario ni universitario.  Puede obtenerse el título de Filología Inglesa sin ser capaz de leer un libro o un artículo en inglés, aunque se haya aprendido de memoria cuántas vocales tiene el idioma y algunas reglas gramaticales. Hay un optimismo desaforado en cuanto que se cree que pasar una temporada en un país de lengua inglesa garantiza hablar como un nativo, y un pesimismo de fondo en cuanto que se está dispuesto a ir toda la vida a clase de inglés aunque no se aprenda.

Lo que suele aprenderse en la clase de inglés es, como en cualquier otra materia, ¨teoría¨, que no es más que una serie de datos, en general inútiles, que hay que memorizar. En un idioma extranjero no se enseña el sonido, la música o la entonación, y se pronuncia a la española, lo cual, aun si se supiese mejor de lo que se sabe, lo haría incomprensible a los oídos de quienes hablan ese idioma. El idioma extranjero se ¨convierte¨ al español, con una aspiración inconsciente a dominarlo y tratarlo como una colonia. En el fondo se tiene la esperanza de poder hablar inglés en español. Hay la falta de respeto por la materia, la falta de curiosidad intelectual y la falta de interés por lo diferente que caracteriza a la enseñanza que se imparte en España desde que la Inquisición la convirtió en un medio de amputar las facultades intelectuales para debilitarlas.

No se admite que para aprender algo hay que hacer siempre un intento activo y por cuenta propia. La actitud de pasividad lleva a creer que los idiomas se ¨pegan¨, pero los idiomas no se pegan, sino que se aprenden, y cada cual tiene que buscar sus propios métodos para hacerlo, porque lo que funciona para uno puede que no funcione para otro. Es como si para aprender a tocar el piano se fuese a clase a tomar apuntes de ¨teoría¨ y se memorizase cuántas teclas tiene y la historia del instrumento, pero no se escuchase nunca ni se hiciesen los ejercicios necesarios para aprender a tocarlo.

Diciembre de 2013


1 comment:

  1. Teresa. Gracias por este magnífico post y por tu lucidez. Las lenguas tienen alma y vida propia. La manera de enseñarlas y los métodos que se comercializan y se emplean para intentar aprenderlas están, desde mi punto de vista, equivocados desde la base, pues no imitan a la vida ni a las necesidades de comunicación. Opino que hay qe amar y vivir en la lengua materna, sentir profundamente la conexión con la propia identidad, pero también entrar en el espíritu de nuestros amigos que nacieron con otras lenguas, haciendo esfuerzos por aprender varias, el inglés tmabién si se quiere. Emplear un idioma para impregnarse y vivirlo es una experiencia fascinante, casi iniciática. Pero estudiar una lengua, con su gramática, su evolución ortográfica, la etimología de su lexico, y su pronunciación, es una manera deliciosa de acariciar el alma de otras personas, que sería inaccesible de otro modo, y es, también, un ejercicio espiritual a la altura de cualquier meditación.
    Sigue escribiendo, estimadísima.

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